Los anarquistas en la revolución mejicana. (Articulo en PDF y videos de la revolucion mejicana)

De Pier Francesco Zarcone

 

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No es arriesgado hipnotizar que los anarquistas y los libertarios hoy llegados a la media edad (los “panteras entrecanose”, se podría decir), durante los años 60/70 del siglo pasado hayan visto con una participación emotiva particular las películas que la cinematografía italiana produjo sobre la revolución mejicana, con cierta frecuencia y en una óptica politizada en el surco del ’68. De “Abajo la cabeza a Tepepa”, de “¿Quién sabe?” a “Vamos a matar compañeros”, para no hablar de la anterior y mítica  “¡Viva Zapata”! Pero con toda probabilidad a los más no fue notorio (y no lo es quizás tampoco hoy) cuál hubiera sido el papel desarrollado por los anarquistas y el anarquismo mejicano en aquellos lejanos acontecimientos. Ninguna sorpresa, en el fondo: se trata de otra página de la historia anarquista que queda escondida por los varios medios de comunicación, (especializados en no proveer de aquél que sirve realmente) y en todo caso pertenece a aquella América latina que ha quedado poco conocida en Europa por mucho tiempo. La misma cinematografía sobre indicada, en el fondo, a menudo no va más allá de los aspectos exteriores, guiñando socarronamente a los humores de un público influenciado por una atmósfera de revuelta generalizada. Cosa igualmente normal, en cuánto la cinematografía recibe oxígeno por el capital, y dentro de las lógicas rigurosas del sistema: una cosa es hacer dinero también instrumentalizando la contestación, y otra cosa es hacer conocer lo que no conviene.
El verdadero radicalismo revolucionario no paga: el capital logra siempre concluir asuntos hasta con los comunistas autoritarios, pero con los anarquistas no. Y entonces el juego está hecho: en la presentación (cargada todo por límites inherentes a las exigencias de espectacularización) de gloriosas páginas revolucionarias el papel de los anarquistas y libertarios tiene que pasar bajo silencio; o bien – como ha ocurrido y ocurre por la Revolución española, en cuyo estuvo presente un evidente y no ocultable fenómeno anarquista de masa – el empeño se manifiesta en la denigración, en callar sobre sus realizaciones, a lo mejor con la colaboración de algunos supuestos anarquistas/liberales, de alma blanqueada, dispuestos a asociarse con los coros falsos sobre la “crueldad de los anarquistas” durante los hechos revolucionarios. Redescubrir en la óptica del anarquismo las páginas de historia de la Revolución mejicana tiene un dúplice relieve: a) histórico, en cuánto se trata de la primera Revolución del siglo XX° que, sin la influencia anárquica habría estado sin duda diferente; b) político actual, ya que sus instancias se enlazan directamente al fenómeno zapatista del EZLN en el Chiapas de hoy, y por extensión pueden ser proyectadas sobre la reanudación de dinamismo por el anarquismo comunista latino/americano en este nuevo milenio.

LÍNEAS SINTÉTICAS SOBRE LA HISTORIA MODERNA DE MÉXICO


L
a Revolución mejicana por mucho tiempo ha sido considerada en Europa como una especie de folkorica y confusa jaquerie indio/mestiza, de escasa valencia político/ideológica, que ocupa un sitio secundario en la historia. Valoración indudablemente restrictiva. Méjico ha tenido y tiene sin duda una historia trágica, que se manifiesta en el imaginario colectivo de su pueblo, que atribuye una connotación femenina a la madre/tierra, otorgarle el papel de Chingada (la violada); e hijos de la Chingada son los mejicanos. La tragedia de Méjico no ha tenido origen en la conquista española, por cuánto esta haya sido vivida como una catástrofe cósmica, que ha comportado el fin de un mundo en la sangre y en la destrucción, en la colonización forzada de las ruinas del país y de la psique misma de las personas.

Ya la azteca fue una dominación sangrienta de un pueblo minoritario cuyo imperio – según la ideología religiosa corriente tenía que ofrecer continuamente sacrificios humanos a sus dioses. Los españoles, además de una nueva lengua, nueva religión, nuevos órdenes, llevaron enfermedades que diezmaron los sobrevivientes de las guerras de conquista, una explotación salvaje de indígenas y mestizos (nacidos después de la conquista), y para todos dominantes y dominados – la oscura opresión espiritual de la Inquisición. En el siglo XIX° los vientos originados por la Revolución francesa y el napoleonismo llegaron también a Méjico, y dieron fuerza a los movimientos para la independencia de España. Pero hay aquí en relevante elemento diferencial con respecto a otros países de la América latina. En Méjico el movimiento independentista no fue animado por miembros de las clases privilegiadas (como en otros lugares por los Bolívar, Miranda, o San Martín), sino por peones indígenas y mestizos, conducidos por dos curas campesinos, primero Miguel Hidalgo (1810-1811) y luego José María Morelos (1814), ambos derrotados y fusilados por los españoles.
El mestizo Agustín Itúrbide en el 1821 llevó Méjico a la independencia y el año siguiente se hará proclamar  emperador, para acabar en el 1824 delante de un pelotón de ejecución. Será luego la vez del general António López de Santa Ana conducir Méjico republicano desde el 1835 hasta el 1855; y Santa Ana tendrá que vérsela con la incipiente voracidad yanqui. En el 1835 hubo la secesión de los colonos norteamericanos de Tejas (cuya entrada en la región fue incautamente te favorecida por el mismo gobierno mejicano), que en el 1836 – después de la efímera victoria de Santa Ana a Álamo – se concluyó con la independencia tejana. Los Estados Unidos se adjuntaron Tejas en el 1845, y en el mismo año (agitando la bandera del “destino manifiesto”; el suyo) encontraron el modo de azuzar una guerra contra la república mejicana, concluida en el 1848 con el tratado de Guadalupe Hidalgo que arrancó de México ulteriores territorios: Alta California, Arizona, Nuevo Méjico, Colorado, Depuesto Santa Ana en el 1855 (el huyó a Cuba) llegó por fin a la Presidencia el indio Benito Juárez, liberal radical, que de la defensa de la independencia de lo que quedaba de Méjico quiso pasar al más amplio horizonte de Reforma de la orden social mejicana. Lo que quería decir lucha a la conservación feudal, a las oligarquías del latifundio y  por natural consecuencia a la iglesia católica, que siempre fue un sólido baluarte político, económico y espiritual en favor de ambas.
Méjico se hundió de nuevo en la guerra civil azuzada por las derechas reaccionarias y conservadoras, con lo agravante de una intervención extranjera de Francia, España y Gran Bretaña  en el 1864, a motivo de la interrupción en el pago de las deudas exteriores de la república mejicana, a causa de dificultades económicas. Napoleón III° emperador de Francia tuvo reales punterías expansionistas e invadió el país uniéndose con la oposición de derecha a Juárez. Massimiliano de Habsburgo aceptó la corona imperial ofrecida por los conservadores, sin reales bases de consentimiento en el país, sólo respaldado por las bayonetas francesas.
La reacción armada de Juárez y los suyos hizo concluir la aventura de Massimiliano en el 1867 con su fusilamiento en Querétaro.
Después de la era de Juárez empezó, en el 1876, el período dictatorial de Porfirio Díaz, ex general juarista, que empantanó la Reforma (que sin embargo no salió nunca de los esquemas liberales) creando aquel polvorín social que estallará en el 1910. En aquel año frente a 840 grandes terratenientes existían en Méjico acerca de 12 millones de jornaleros sin tierra. Las grandes haciendas tenían extensiones iguales a aquella media de una provincia europea, y los hacendados eran prácticamente dueños absolutos de hombres y cosas. El ejército – armado con cañones y fusiles alemanes y ametralladoras estadounidenses – fue el verdadero soporte del régimen de Díaz. En todo el mundo occidental no existía una clase social dotada de un tren de vida y poder comparable a aquellos de los terratenientes y propietarios de minas mejicanos (en aquel período en México fue localizado acerca de un cuarto de la producción mundial de la plata).
Los dos principales pilares del sistema de las haciendas fueron:
las tiendas de raya = tiendas de yernos comestibles, licores y ropas de baja calidad, de que fueron propietarios los mismos hacendados, y donde los peones fueron obligados a hacer sus compras también, y sobre todo, a crédito; con este sistema el dueño – frente a mercancías de poco valor, revendidas a precios superiores – casi recuperaban todo el dinero erogado en sueldos, y los peones endeudados no podían mudar hacienda antes de haber pagado sus deudas (el sistema todavía está en uso en muchas partes de América del Sur); la ley de fuga = con base en la que el peón fugitivo podía ser matado por el dueño; para los jornaleros rebeldes un castigo muy usado consistió en enhebrarlos en un foso, dejando fuera de ello la cabeza, para hacerlos luego pisar por los caballos al galope. Naturalmente mujeres e hijas de los campesinos fueron carne de cama por los hacendados (por ejemplo, fue justo esta situación contra la hermana a estar al origen de la carrera de bandolero de Francisco Doroteo Arango, llamado Pancho Villa, antes de la Revolución). Mientras el pueblo vivía en un estado de extrema miseria – acerca del 70% de la población sólo se alimentaba de tortillas de maíz – las importaciones de yernos superfluos y de lujo por las exigencias de los ricos hicieron salir del país un río de dinero en oro y plata hacia los Estados Unidos y Francia. Otro consistente río de oro salió de México en virtud de los útiles que el gobierno de Díaz aseguró a las inversiones de capitalistas extranjeros. En el 1910 acerca del 97% de las minas estaba en las manos de estadounidenses, ingleses y franceses. Sociedades USA detenían todos los pozos petrolíferos destapados en Tampico, Tuxpán, Matamoros y Reinosa, como incluso la mayor parte de las minas de plata y oro de la Sierra Occidental y de la Sierra del Sur. Cuando en el 1910 el polvorín estalló, hubo la primera revolución social del XX° siglo: Revolución intensamente campesina y no ya urbana, cuyo influjo sobre los otros países del área fue enorme. Por ejemplo, sin ella no se explican ni Augusto César Sandino en la Nicaragua ni Farabundo Martí en El Salvador.

LOS ORÍGENES DEL ANARQUISMO MEJICANO

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Contrariamente a cuánto se puede pensar con base en los pocos escritos existentes en italiano sobre el tema, el anarquismo mejicano no nace para nada con el pensamiento y la obra de Ricardo Flores Magón (1874-1922), sino al menos 50 años antes de la gran revolución del 1910. Los exordios ocurren en el cuadro del desarrollo de Méjico después de la independencia y de su mayor abrirse a las influencias europeas. Como fue obvio, la independencia no solucionó ninguno de los problemas del país e inició un largo período de convulsiones interiores (políticas y socio/economiche), dictaduras, intervenciones militares extranjeras (EE.UU. y Francia), pérdida de casi mitad del territorio originario tragada por el imperialismo yanqui, motines populares y represiones. Problemas, sin embargo, que continúan hasta a hoy – a pesar del cambio de contextos seguido a la Revolución del 1910, por la normalización que efectuó la burguesía “radical” salida de ella vencedora.
Fracasada en el 1824 una tentativa de Robert Owen, dirige a instalar en Tejas (región que a la época era mejicana) un experimento de su sociedad perfecta de Nueva Armonía, la historia del anarquismo en Méjico empezó con el inmigrado griego Plotinós Rhodakanaty. Inspirado por las ideas de Fourier y Proudhon, y asumida un cierto conocimiento de los problemas de los campesinos explotados por los propietarios de tierra, Rhodakanaty quiso dar impulso a una organización campesina, apuntando a constituir un sistema socialista de colonias agrícolas. Co el objetivo de hacer prosélitos, publicó Cartilla Socialista, una especie de catecismo fourierista. No habiendo logrado reunir un número suficiente de personas para una colonia agrícola, entró en una escuela preparatoria, y haciendo propaganda para el socialismo libertario logró formar en el 1863 un grupo de estudio – el Grupo de Estudiantes Socialistas – del cual provendrán los mayores exponentes del movimiento socialista mejicano: Santiago Villanueva, organizador del primero movimiento obrero en el país; su colaborador Hermenegildo Villavicencio; Francisco Zalacosta, figura de relieve en las futuras luchas campesinas. Acabada su formación en el 1864, estos estudiantes darán vida a la primera organización mutualista mejicana, la Sociedad Particular de Socorros Mutuos, dándole una orientación socialista libertaria. Del mismo grupo de estudiantes nació en el 1868 una sociedad oculta de impostación bakuninista – La Social Sección Internacionalista – que se desvaneció en el 1868, para formarse de nuevo en el 1871 (con socios fundadores Rhodakanaty, Villanueva, Zalacosta y Villavicencio), ejerciendo un notable influjo sobre la creación de los movimientos campesino y obrero en el curso del siglo.
En el mayo 1865 Zalacosta, Villanueva y su grupo desarrollaron un papel importante en las agitaciones que llevaron a la primera huelga, aquella de los trabajadores de las fábricas textiles de San Idelfonso Tlalnapantia y La Colmena, acabados con la intervención armada del gobierno.
Después de esta derrota, Villavicencio y Villanueva crearon otra sociedad bakuninista, la Sociedad Agrícola Oriental que en los años ‘60, ‘70 y ‘80 del siglo fue el centro principal de la actividad anarquista en Méjico. Mientras Rhodakanaty continuó en los esfuerzos para constituir comunas agrícolas, y organizó junto a uno de ellas en Chalco una escuela para campesinos – la Escuela del Rayo y del Socialismo – según los principios del socialismo libertario. Uno de sus estudiantes más dotados fue Julio Chávez López.
Chávez López era un partidario del recurso a los métodos drásticos y a la acción directa, lo que le puso en contraste con el arraigado pacifismo de Rhodakanaty, que acabó por dejar la Escuela en el 1867.Successivamente Chávez López desarrolló un papel activo en las luchas sociales, lo que hizo de él un precursor del zapatismo. Reunidos a algunos compañeros con sus mismas ideas, Chávez López empezó a atacar haciendas, primero en las zonas de Chalco y Texcoco, luego en el Morelos meridional, en San Martín Texmelucán y Tlalpán. En el 1869 el gobierno envió una expedición militar que hizo sólo crecer el apoyo popular a la revuelta, tanto que en el abril del mismo año Chávez López tuvo la osadía de publicar un Cartel en que incitaba al pueblo mejicano a la sublevación armada general.
La importancia de su Cartel está en el hecho de que, por la primera vez en la historia mejicana, la lucha de los campesinos viene conceptualmente y conscientemente integrada en la lucha de clase, en el cuadro del contexto histórico específico de aquel país, con clara determinación de los papeles y responsabilidades de las clases dominantes. Además, el Cartel propugnó la sustitución del gobierno nacional con un sistema de autogobiernos locales. Capturado después de poco tiempo, y luego exitoso a huir, Chávez López retomó la lucha contra el ejército hasta cuando, de nuevo capturado por las tropas del Presidente Benito Juárez, fue fusilado el 1° de septiembre de 1869. La derrota y muerte de Chávez López, la vuelta de Rhodakanaty a su patria, la falta de progresos de La Social y de la Sociedad Particular de Socorros Mutuos, sin embargo, no representaron el fin del iniciado anarquismo mejicano. En el interino Villanueva y Villavicencio constituyeron la Sociedad Artística Industrial, que tuvo un influjo fundamental sobre el desarrollo del movimiento obrero, iniciando una intensa acción de proselitismo en la zona de la capital entre el 1866 y el 1867. En el verano del 1868 los trabajadores de la fábrica textil La Fama Montañesa de Tlalpán, organizados por Villanueva, efectuaron la primera huelga lograda en la historia mejicana. Este acontecimiento dio ulterior impulso a la actividad organizativa, y en el 1870 – siempre por estímulo de Villanueva – fue creado el Centro General de los Trabajadores Organizados, que después tomó el nombre de Gran Círculo de Obreros Méjico. Villanueva murió en el 1872, pero ya el movimiento se encaminaba, y en el 1876 los esfuerzos para la creación de una organización nacional llevaron al Congreso General Obrero de la República Mejicana; y paralelamente, entre el 1877 y el 1878, La Social alcanzó lo máximo de su expansión, de modo que en aquella fase los anarquistas fueron hegemónicos en el movimiento obrero.
En el 1878 se formó el Partido Comunista Mexicano, de tendencia bakuninista, disuelto bien pronto por la represión de Porfírio Díaz.
A pesar de la derrota de Chávez López, el movimiento campesino siguió obrando, encontrando apoyo en la prensa obrera de la capital. A la época, por lo tanto, apareció una grieta política entre mundo obrero y mundo campesino que se averiguará luego durante la Revolución, y que será – en fin – dañosa para ambos. En la década 1870/1880 el más importante animador del movimiento campesino mejicano fue José María González.
Establecido el largo régimen dictatorial de Porfirio Díaz, el grupo bakuninista organizado de La Social elaborará un plan revolucionario, acogido favorablemente por grupos campesinos, que previa la disolución del gobierno nacional, la creación de ayuntamientos autónomos, una radical reforma agraria, la final abolición del sistema salarial, la formación de bancos territoriales para sustentar la venta de los productos agrícolas y la creación de un Falansterio Social para regular el trabajo urbano y rural. A sostén de esta iniciativa Zalacosta formó un Comité de Coordinación, el Gran Comité Central Comunero. En el cuadro de estas agitaciones el coronel Alberto Santa Fé, a través de la prensa obrera, publicó la así llamada Ley del Pueblo, considerada el documento agrarista más sofisticado y complejo del período anterior a la Revolución. Santa Fé por esto acabó en prisión. La represión del gobierno empezó a desarrollarse con dureza: Francisco Zalacosta fue fusilado en Querétaro en el 1880, dos revueltas fueron ahogadas en la sangre por el ejército federal, círculos anarquistas fueron cerrados y progresivamente el gobierno logró asumir el control del movimiento obrero. Un duro golpe al movimiento anarquista de las cooperativas fue dado con la medida que sancionó la ilegalidad de ellas, y cuando la norma fue revocada, la legalización de las cooperativas fue subordinada a la reglamentación y al control del gobierno. Ulteriores tentativas de revuelta fueron tronchadas, como ocurrió en el 1886 con la del general Miguel Negrete, que en precedencia dio su apoyo a la acción de Chávez López en el Estado de Morelos. Negrete fue fusilado en aquel año.
Recordamos, por fin, que entre el 1898 y el 1899 el anarquista catalán J. Zaldivar constituyó grupos anarquistas en la península de Yucatán.

EL SIGLO NUEVO – RICARDO FLORES MAGÓN

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Al asomarse del 900 el anarquismo mejicano ya aparecía emancipado por las tendencias cooperativistas, desplazándose hacia una posición anarcosindicalista y más dura en la lucha de clase, gracias también a la presencia y al influjo de inmigrados anarquistas españoles. Y fue al principio de este siglo que el anarquismo mejicano, en virtud de la obra de Ricardo Flores Magón, vino a contar con una poderosa organización política.
Ricardo Flores Magón con sus dos hermanos – Jesús y Enrique – hizo su exordio en política participando en las manifestaciones contra una nueva candidatura de Porfirio Díaz a las elecciones presidenciales del 1892. Poco después él publicó la revista El Demócrata, progresivamente desplazándose hacia posiciones de izquierda libertaria. El 7 de agosto del 1900, por influencia de Paulo Robin – pedagogo libertario, compañero de Bakunin y antiguo miembro de la Comuna de París – junto a sus dos hermanos y Antonio Horcasitas, fundó el periódico Regeneración, prestissimo vuelto a ser el agujero de una maciza e intransigente oposición al régimen de Díaz. El 30 agosto del mismo año, en San Luís Potosí, Camilo Arriaga publicó el Manifiesto del Partido Liberal, empezando un proceso que en el 1905 llevará a la constitución del Partido Liberal Mexicano (PLM). Ricardo Flores Magón adhirió formalmente a este proceso en el 1901.
El constituido Partido Liberal se dio un programa burgués muy radical inicialmente, tanto que su sección relativa a la Plataforma sobre el Trabajo fue en fin adoptada por la mayor parte del movimiento a obrero mejicano durante la Revolución. Mientras tanto la situación social en el país se deterioraba ulteriormente, con una progresión que de allí a pocos años habría llevado al más radical trastorno que Méjico haya conocido desde la conquista española. Contra este campo antireeleccionista de Regeneración se acaloró la represión del gobierno, y la revista interrumpió temporalmente las publicaciones. Ricardo y Enrique Flores Magón se refugiaron en los Estados Unidos, y en el noviembre del 1904 lograron retomar la publicación de la revista (verdadera espina en la cadera de la dictadura de Díaz) en San Antonio, Tejas. La permanencia estadounidense de Ricardo fue afligida por las numerosas detenciones padecidas por instigación del gobierno mejicano, y pasó en las prisiones norteamericanas la mayor parte de los siguientes años de su vida, hasta cuando murió en el 1922, aunque logró explicar una influencia de relieve sobre la Revolución.
En el junio del 1906 una huelga de los trabajadores de la sociedad estadounidense Cananea Copper Company, de Sonora, llevó a dos días de feroces choques a fuego entre los huelguistas y.… los Rangers de Arizona (!), llamados por la Dirección de la cananea, encontrándose lejanas las tropas mejicanas. Otra huelga importante fue, en diciembre, aquella de la fábrica de Rio Blanco en Orizaba, organizada por un grupo de trabajadores que se afiliaron al PLM. El malo resultado de la agitación comportó escaramuzas con el ejército que pisó la revuelta. El PLM – cuyos más importantes exponentes, además de Ricardo Flores Magón, fueron Práxedes Guerrero, Juan Sarabia Villa Real, Enrique Flores Magón, Librado Rivera y Manuel Sarabia) organizó bien 44 grupos clandestinos de guerrilleros esparcidos en todo el país (en media un grupo estaba compuesto por 50 personas, pero también hubo grupos de 300), que tuvieron su centro directivo en Douglas, Arizona; pero los tiempos no estaban todavía maduros. La mayor parte de los revolucionarios del PLM en Douglas fue parada por los Rangers de Arizona y una revuelta en Vera Cruz, conducida por Hilario C. Salas, fracasó. Sin embargo, el prestigio del PLM salió enormemente aumentado. Otro ámbito en que el PLM obró fue el indígena. Respecto a esto va preliminarmente aclarado que la resistencia de los indios contra la opresión de derivación europea no se paró nunca, en sus varias formas también armadas, hasta a hoy, y que las naciones indígenas de México siempre fueron un sujeto activo en las convulsiones sociales que periódicamente han revuelto el país. La resistencia india siempre ha reivindicado los tradicionales derechos comunitarios, luchando contra la propiedad capitalista. Remonta al 1906 la primera tentativa del PLM de tomar contacto con la realidad indígena para una lucha armada contra Díaz. Javier Guinetea fue encargado de ello con referencia a la tribu yaqui de Sonora, cuya ferocidad bélica fue espantosamente legendaria en todo el país. No se trató él un simple movimiento táctica, sino fue la expresión de la sensibilidad magonista hacia el mundo indio.
La realidad comunitaria de la vida indígena (hasta hoy día viva en Méjico) no podía no influenciar la evolución libertaria de Ricardo Flores Magón, y el comunalismo indígena representó uno de los ases portantes de su pensamiento, cuya esencialidad no escapó a los directos interesados. Demuéstralo un comunicado del 15 de julio de 1914, justo de la tribu yaqui (siempre tratada por las autoridades mejicanas como si fuera un revoltijo de animales feroces, de matar o esclavizar): “Con la mano sobre el corazón os invitamos a venir a este campamento, dónde seréis recibidos con los brazos abiertos por vuestros hermanos de miseria. No tenemos palabras para expresar nuestra apreciación por los sacrificios hechos por nosotros, y esperamos que siempre estéis bien dispuestos a apretarnos las manos, hasta que el capitalismo no haya desaparecido de esta región yaqui y la bandera roja de Tierra y Libertad ya no tenga que combatir a enemigos “.
La huelga de la Cananea fue solamente un episodio de la secuela de agitaciones sociales que revolvieron el país y que también continuarán sucesivamente.
En este vórtice de acontecimientos, el PLM – bajo el influjo de Ricardo Flores Magón – entró en una dinámica de superación de las originarias finalidades radicales, dirigidas esencialmente a cazar a Porfirio Díaz y restablecer los derechos civiles y políticos en el país. Finalidad y posiciones que todavía en el 1905 le permitieron a Francisco Madero (1873-1913) de manifestar piropo por el PLM y de contribuir económicamente a las necesidades de Regeneración. Pero ya en el 1906 Madero disintió de la declaración del PLM acerca de lo ocurrido agotamiento de los medios pacífico para combatir a Díaz. Está en el 1907 que se completó formalmente el camino de Ricardo Flores Magón hacia el anarquismo, iniciado en el 1900 moviendo de las obras de Kropotkin, Bakunin, Jean Pesado, Malatesta, Gorki.
Radicalización libertaria que concernió también la mayoría del PLM, por el efecto combinado de la participación a los movimientos del 1906 y el apoyo dados por el partido al movimiento obrero: lo que llevó a la completa rotura con Madero. Naturalmente el PLM padeció las deserciones de cuántos no compartieron la vuelta y esto al final acentuó el radicalismo de Ricardo y la mayoría del PLM. La permanencia en los Estados Unidos de Ricardo Flores Magón y sus compañeros, como sobre señalado, fue todo otro que un destierro dorado. Los gobiernos estadounidenses después del asesinato del Presidente Mc Kinley en el 1901, había declarado guerra a los anarquistas, objetos de pesadas represiones que luego en los años 30 llevaron a la sustancial liquidación del anarquismo en aquel país.
Las autoridades USA se dieron bien pronto cuenta de que los magonistas, y sobre todo Ricardo, no constituían sólo un problema mejicano, sino también podía volverse en problema en la casa misma de los yanquis, por la capacidad de galvanización de su líder. Ya en el 1907 casi toda la dirección del PLM desterrada en los Estados Unidos fue detenida por presión del gobierno de Díaz. La persecución judicial no se paró y los desterrados magonistas a menudo acabaron bajo proceso por sus ideas y con la excusa de ocurridas violaciones de la neutralidad estadounidense con respecto de los asuntos de Méjico (¡santa hipocresía yanqui!). Ricardo pasó en cárcel más de mitad de los 19 años de su permanencia más allá del Rio Grande, asistiendo impotente al progresivo deteriorarse, en su ausencia, del PLM, de que una parte acabó por confluir entre las hilas de los maderistas, por en fin ulteriormente dividirse entre las varias facciones que empezaron a combatir a Madero.

LA REVOLUCIÓN

El 20 de noviembre de 1910 estalló la Revolución contra Díaz, y después de la batalla de Ciudad Juárez vencida por las fuerzas revolucionarias de Pancho Villa y las dimisiones/fuga del dictador el 25 de mayo de 1911, Madero se convirtió en Presidente de la República por las elecciones presidenciales del 1° de octubre. Por cuánto concierne a los magonistas – aunque la represión USA paralizó la dirección del PLM en destierro – los revolucionarios del PLM fueron protagonistas de la liberación de la Baja California, dirigidos por Ricardo Flores Magón, momentáneamente en libertad en los Estados Unidos. El 29 de enero de 1911, conducidos por José María Leyva y Simón Berthold, guerrilleros del PLM conquistaron la ciudad de Mexcali, contando con una fuerza de solos 18 hombres, que subieron rápidamente a 500, de que acerca de 100 (ejemplo de verdadero internacionalismo revolucionario) fueron norteamericanos wobblies del sindicado Industrial Workers of the World (IWW): entre ellos Frank Little y Joe Hill. Jack London escribió un cartel en favor de estos revolucionarios, en cuyo les se garantizó el apoyo del corazón y el alma de “socialistas, anarquistas, vagabundos, ladrones de pollos, proscritos y ciudadanos indeseables de los Estados Unidos de América “. Las tentativas de las tropas federales de reconquistar Mexcali fracasaron. Los magonistas, además, consiguieron victorias en otras localidades de Nuevo León, Chihuahua, Sonora, y en el marzo del 1911 Prisciliano Silva del PLM conquistó Guadalupe en el estado de Chihuahua, y en junio Casas Grandes, en la misma región. En el verano, en cambio, Madero mandó sus armados a retomar con la fuerza el control de la Baja California, y los revolucionarios anarquistas del PLM padecieron una dura derrota militar.
Madero vuelto Presidente formó un gobierno burgués que no tuvo alguna intención (ni podía ser de otra manera por la formación de sus miembros) de ir más allá del liberalismo democrático en política. Los magonistas desterrados en los EE.UU. lanzaron un cartel al pueblo mejicano para que abrazara la causa anarquistas, no propusieron a ningún candidato por la Presidencia ni un nuevo tipo de gobierno: sencillamente llamaron a luchar por la emancipación económica de las clases trabajadoras, por la expropiación de las tierras de los latifundistas y por la colectivización de los otros medios de producción industrial y de toda la riqueza social, y a oponerse a la formación de un gobierno como condición indispensable para un sistema de auténtica libertad. Estando claro que las esperanzas suscitadas por Madero quedaban tales, ya en el 1912 estuvieron en lleno desarrollo las revueltas contra el nuevo régimen, de las cuales realmente revolucionaria era aquella conducida por Emiliano Zapata en el Sur, partiendo del Estado de Morelos. El 25 de noviembre 1911 Zapata lanzó el famoso Plan de Ayala, el documento ideológico de la revolución campesina.
Zapata no fue formalmente anarquista, pero sus objetivos fueron los mismos de los anarquistas, empezando de la bandera de Tierra y Libertad que fue propia de los magonistas en los primeros años del siglo, y que Zapata retomó. El acuerdo entre Zapata y los miembros libertarios del PLM estaba por lo tanto en la orden de las cosas, y no constituyó alguno un obstáculo la más amplia prospectiva política de Ricardo Flores Magón con respecto de la de Zapata Además de las sangrientas represiones en el Sur contra los zapatistas hubo en el Norte (Chihuahua) aquellas contra Pascual Orozco (que en la época se rebelada sobre posiciones de izquierda), con un papel militar creciente atribuido por Madero al general Victoriano Huerta (su futuro Pinochet), que – sin tener éxito – trató de fusilar a Villa. El 16 de octubre de 1912 en Vera Cruz fue reprimida una tentativa de revuelta conducida por el general Félix Díaz (nieto del ex dictador). Hasta que, en el febrero de 1913, después de una fracasada tentativa de golpe de estado en Ciudad de Méjico, conducida por el general porfirista Mondragón, Huerta (activamente apoyado por el embajador estadounidenses Lane Wilson, atado a los empresarios petrolíferos de su país) aprovechó la ocasión para hacer matar Madero y tomar el poder. Estos hechos azuzaron una terrible guerra civil (cerca de 800.000 muertos) que vio luchar contra Huerta y el ejército federal varias facciones (que luego lucharán entre sí), conducidas por Pancho Villa en Chihuahua, Emiliano Zapata en Morelos, Venustiano Carranza en el centro y Álvaro Obregón en Sonora. Hacia el fin del 1914, Ricardo Flores Magón hizo presente en un comunicado a los trabajadores EE.UU. que “Si en la superficie de este terrible conflicto vienen los nombres de Villa, Carranza o alguna otra personalidad que, con base en lo que enseñan las acciones de ellos, no tienen otro objetivo que la toma del poder, la verdad es que estos hombres no son la revolución sino simples líderes militares que tratan de satisfacer los mismos deseos personales a gastos del movimiento popular “. Y proféticamente concluyó que “Si se pisa la revolución económica los trabajadores norteamericanos sufrirán las consecuencias, por una inmigración de trabajadores mejicanos en medida bien mayor de lo que ha ocurrido en los diez o quince años pasados, con una inevitable baja de los sueldos… La riqueza de los magnates irá hacia México, un campo ideal para todos los tipos de aventureros y explotadores; fabricantes de los Estados Unidos se trasladarán a México que se transformará en un territorio ideal para los negocios a causa de los sueldos baratos “.
En la lucha contra Huerta, Venustiano Carranza fue el hombre político de mayor relieve y aparentemente el líder de la coalición. En el 1914 la guerra civil – en la cual las exigencias de la revolución social y agraria de indios y peones se entrelazaron de nuevo con los aspectos  políticos/democráticos – asumió un curso negativo para Huerta, que logró huir, y Carranza tomó el poder gracias también al prestigio nacional adquirido con su vigorosa reacción a la temporal ocupación de Vera Cruz (previo bombardeo) de parte de los marines USA el 24 de abril de 1914.
Pero la guerra civil no acabó con la entrada de Carranza en Ciudad de Méjico el 20 agosto de aquel año. Los contrastes políticos y/o personales entre las varias facciones y sus mayores exponentes llevaron a una tentativa de composición por una Convención que se reunió por la primera vez en la capital el 1° de octubre de 1914. Villa y Zapata no os participaron ni tampoco enviaron a sus representantes. La Convención se trasladó a Aguascalientes (que estaba fuera de la zona de influencia de Carranza) y por mayoría se manifestó contraria al mantenimiento de Carranza como jefe del ejecutivo provisional, y asignó el encargo al general Eulalio Gutierrez, que confió a Villa el mando del ejército  convencionalista. El 24 de noviembre Zapata ordenó a su ejército (que alcanzó el número de unos 25.000 hombres) de marchar sobre Ciudad de México, cosa que hizo Villa también (él había aceptado el Plan de Ayala) de acuerdo con Zapata: el 10 de diciembre de 1914 villistas y zapatistas ocuparon la capital.
Pronto los contrastes estallaron entre Villa (más que nunca caudillo) y Gutierrez, que huyó de la capital. La situación precipitó en el caos, frustrando la conquista de Ciudad de México a toda ventaja de Carranza, cuyas tropas – conducidas por el óptimo general Obregón – en el 1915 derrotaron a las tropas de Villa en Celaya y luego, definitivamente, en la batalla de Agua Prieta.Villa logró huir de la captura con pocos hombres.
El reconocimiento USA al gobierno de Carranza hizo perder la cabeza a Villa: en el enero del 1916, durante el asalto a un tren en Sonora, Villa hizo matar a 15 técnicos mineros norteamericanos que allí viajaban, y el 9 de marzo pasó la frontera confín con el estado norteamericano de Nuevo Méjico saqueando la ciudad de Columbus: lo que provocó la intervención en la región septentrional de Méjico de una columna militar USA que  sin embargo ni siquiera logró verle en los prismáticos. Villa acabó luego por concordar su devuelta a los gubernativos, acabando por ser matado en el 1923 por algunos sicarios (¿de Ogregón?). Después de la derrota de Villa, Carranza convocó una Asamblea Constituyente, naturalmente sin invitar a Zapata: en aquella sede fue votada una nueva Constitución y Carranza elegido Presidente de México. Quien seguía resistiendo – aunque aislado – era Emiliano Zapata, a su vez matado en una trampa el 10 de diciembre de 1919.
Carranza, puestos en choque con Obregón será matado en el 1920 y el 1° diciembre de aquel año su rival subió a la Presidencia. En el 1924 sucederá a Obregón el general Plutarco Elías Calles, cuya rígida política anticlerical llevó el 1° de agosto de 1926 a una reacción del clero católico que suspendió la celebración de funciones religiosas en todo el país. Los católicos pasaron a la revuelta armada (dicha de los cristeros), con atrocidades cometidas por ambas las partes: guerra civil acabada en el 1929 con la derrota de los católicos. En el 1928 Obregón fue reelegido a la Presidencia, pero el 17 de julio fue matado por un estudiante católico. Con su muerte puede decirse convencionalmente cerrado el período revolucionario.

EMILIANO ZAPATA, ZAPATISMO Y ANARQUISMO

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Muerto Madero y trastornado el PLM, la bandera de Tierra y Libertad quedó en las solas manos de los zapatistas. Las reivindicaciones del Plan de Ayala en términos de radical reforma agraria no fueron vacíos “slogans” políticos para los guerrilleros de Zapata. En la redacción del famoso cartel revolucionario participaron elementos fuertemente radicales como Otilo Montaño, maestro simpatizante del PLM y el grupo femenino libertario Mujeres de Anahuac; y en el curso de la guerra civil entraron en el ejército zapatista anarcosindicalistas como Luís Méndez, Rafael Pérez Taylor, Antonio Soto y Gama, Jan Khna (suizo, sobreviviente de la Comuna de París) y Miguel Mendoza. Este último, además de desarrollar una obra de educación racionalista entre los campesinos del Morelos, fue promovedor de varios ayuntamientos libertarios en los años desde el 1915 hasta el 1917.
Cuando ocupaban un territorio los zapatistas sencillamente expropiaban a las haciendas, y daban no ya la tierra a los individuos uno por uno, sino a las comunidades de aldea en cuánto tales para que, según sus costumbres tradicionales, las pusieran a disposición de sus miembros, con base en el principio de que la tierra debe estar al servicio de la comunidad y no del interés personal individual. Los zapatistas constituían un grupo socialmente homogéneo fuertemente arraigado en las comunidades campesinas del Morelos; lo que era un obvio punto de fuerza en aquel territorio, pero también de debilidad fuera de los confines de aquel Estado, ya que los zapatistas fueron poco propensos a empeñarse a largo lejos de la misma tierra. Emiliano Zapata, a diferencia de Villa y de Carranza, no fue un caudillo, desarrollando en la estructura de mando de las formaciones zapatistas un sustancial papel de coordinador, indudablemente favorecido por su enorme prestigio que otros habrían usado bien de otra manera.
La estructura de mando zapatista fue bastante descentrada, y los comandantes de los varios grupos de guerrilla estaban acostumbrados a efectuar sus acciones en sincronía entre sí, y el básico comunalismo agrario de los zapatistas permitió que no se formaran jerarquías rígidas e institucionalizadas. También las tradicionales estructuras de las comunidades locales obraron de modo que el poder político y social obrase a nivel comunitario y fluyera hacia arriba de lo bajo. En las zonas controladas por los zapatistas el antagonismo hacia capitalismo y propiedad privada fue muy marcado. El centro de la organización local estuvo en el consejo de aldea, para cuya función la expulsión violenta de los magistrados, de los recaudadores, de los policías, etc. era la premisa indispensable. Las decisiones se formaban en la comunidad, y por ella, no ya recurriendo a una autoridad superior o extraña. Los ideales comunitarios zapatistas fueron formalizados en un documento del 1916 llamado Ley General sobre las Libertades Municipales. El control estatal sobre los consejos de aldea fue naturalmente abolido; los consejos directamente electos por los habitantes; el límite temporal de los cargos fijado en un año, con posibilidad de reelección sólo después del curso de otros dos años; el control de la gestión económica fue prerrogativa de cada habitante.
Después de la muerte de Zapata y la recuperación del control sobre el Estado de Morelos, en el diciembre del 1920 el sistema de las autonomías locales fue suprimido de autoridad y los consejos de las municipalidades fueron nombrados por el gobierno del Estado. Mientras que, entre los magonistas y anarquistas de las ciudades, de un lado, y Zapata y los zapatistas, del otro, no hubo contactos operativos directos, queda todavía abierta la cuestión de la existencia de contactos entre Ricardo Flores Magón y Zapata. En todo caso en el 1912 Zapata, favorable al PLM, avanzó la propuesta de un traslado de Regeneración a Morelos, donde él habría puesto a disposición la Fábrica de San Rafael y los medios necesarios para hacer de ello un periódico de nivel nacional. La cosa no hubo séquito por varios motivos: por las recurrentes detenciones y los problemas de salud, Ricardo Flores Magón no tenía la posibilidad de moverse; él, además, estaba convencido de que el mantenimiento de la sede de la revista en los Estados Unidos habría influido mejor psicológicamente en favor de la acción que ejercía para evitar una intervención armada estadounidense en la Revolución mejicana, también teniendo en cuenta la gran popularidad de que gozaba en aquel país. Pero Zapata no oyó sólo la influencia de Magón: un influjo directo sobre de él fue ejercido por Antonio Díaz Soto y Gama, entusiasta de las ideas de Tolstoi y Kropotkin, anarcosindicalista de la capital, que se unió al ejército zapatista con otros compañeros, volviéndose pronto el ideólogo de ello. No sería en todo exacto caso definir tout court anarquista a Emiliano Zapata y su movimiento, faltando aquella clara orientación sistemática que caracterizará a Makhno o a Durruti, por ejemplo. Sin embargo, está el hecho de que las influencias anárquicas fueron las más evidentes y muchas metas fueron comunes, incluso faltando una identidad global. Va además considerado que en el escenario político mejicano sólo los anarquistas podían apoyar el programa zapatista y la radicalidad de medios que ello implicaba. Lo que precisamente explica la presencia de unos anarquistas y militantes del PLM entre los zapatistas. Desgraciadamente las cosas, en términos generales, no fueron en este sentido, como veremos.

EL ANARQUISMO FUERA DE LOS CAMPOS DE BATALLA – LA ALIANZA CON LA BURGUESÍA CAPITALISTA – LA DECADENCIA


Frente a la gran masa de trabajadores agrícolas, en el 1910 la clase obrera mejicana era bien poca cosa sobre el plan numérico, pero en el curso de la Revolución su nivel organizativo se acentuó notablemente. Los esfuerzos combinados de trabajadores mejicanos y un grupo de desterrados españoles adherentes a la CNT llevaron en el 1912 a la creación de la primera central sindical, la Casa del Obrero Mundial (COM). Organización de nivel nacional, de orientación anarcosindicalista, que entre el 1912 y el 1918 hegemonizó al movimiento obrero. Entró en estrecho contacto operativo con el Grupo Luz, cuyo más prestigioso exponente fue Juan Francisco Moncaleano. Este grupo de anarquistas expresó muchas de las ideas fundamentales de la COM en el Manifiesto Anarquista del Grupo Luz. Francisco Madero no fue muy liberal con la COM: la cerró, suprimió su órgano de prensa, aprisionó a sus líderes y desterró a los miembros extranjeros. Paralelamente apoyó, en contraposición al menos activa Gran Liga Obrera. Él no tuvo el tiempo necesario para un choque de larga duración contra los anarcosindicalistas, pero con Huerta las cosas fueron muy peor, siendo el general un antagonista absoluto del concepto mismo de movimiento obrero, teniendo las manos más libres que Madero y probando el máximo placer en usarlas. La COM, que se reforzó mientras tanto, el 1° mayo del 1913 tuvo la osadía de convocar en Ciudad de México una grande manifestación conmemorativa de los mártires de Chicago que reunió por lo menos 20.000 personas. Siguieron detenciones a ráfaga y Huerta, tal como Madero, trató de dar vida a organizaciones rivales de la COM.

Caído Huerta, la COM se encontró en frente de un improrrogable dilema de desatar: ¿a quién apoyar entre Villa, Zapata y Carranza? Problema de extrema delicadeza política, en cuánto el resultado habría producido consecuencias de larga duración y, por lo tanto, eventuales errores habrían sido fatales. Como en efecto ocurrió. Los más cercanos a la COM eran Zapata y los suyos, para nada cerrados respecto a los problemas de los trabajadores urbanos. El 7 de noviembre de 1915 en los territorios del Sur controlados por la guerrilla Zapata hizo publicar un Ley del Trabajo, que preveía la jornada laboral de 8 horas, la prohibición del trabajo para los menores de 14 años, la entrega de la gestión de las fábricas a cooperativas de trabajadores, el sueldo mínimo garantizado. Tal normativa nacía del corazón mismo de la revolución campesina, de matriz indígena comunalista. No se movía, es decir, en la diferente óptica urbana de la COM y por lo tanto, en su autonomía formativa, no tenía en cuenta exigencias como el control de las propiedades extranjeras, la igualdad de trato y sueldo entre trabajadores mejicanos y extranjeros, el derecho a huelga y un estatuto de salvaguardia para los sindicatos. Todas cosas que, naturalmente, hacían parte del bagaje de la COM. No hay duda de que los dos programas se podían tranquilamente integrar y completar, si sólo la COM lo hubiera querido preguntar, pero…, hubo un “pero”, que habría tenido un peso determinante: la mayoría del zapatista cultivaban sentimientos religiosos, por lo tanto… ¡el juego fue hecho! ¡La funesta conclusión fue que entre la alianza con los que eran revolucionarios intransigentes, pero no ateos y la alianza con la burguesía capitalista agraria y urbana, representada por Carranza, la pureza ateística anarquista de la mayor parte de los miembros de la COM eligió esta última! Y de esta manera maduró una contraposición, también sangrienta, entre obrerismo organizado y campesinos revolucionarios. Que la elección no fuera digerida por todos los miembros de la COM se vio cuando – huido Carranza de la capital y llegados Villa y Zapata – los adherentes a la COM se dividieron en tres grupos: la mayoría quedó con Carranza, muchos de la minoría se unieron a Villa, y lo demás se fue con Zapata, entre los cuales Antonio Díaz Soto y Gama y Luís Méndez. En realidad, fue Carranza que utilizó a sus nuevos y temporales aliados anarcosindicalistas: frente a ayudas militares contra Villa y Zapata (para Carranza vitales), les concedió mano libre en la organización del trabajo (de cada manera revocable una vez consolidado definitivamente su poder). Los anarcosindicalistas aliados de Carranza formaron así los bienes conocidos “Batallones Rojos”, que participaron enseguida en las batallas contra los zapatistas alrededor de la capital.
Unos historiadores modernos han tratado de dar una explicación/justificación de esta alianza – indudablemente innatural sobre el plan de las premisas y de los objetivos – subrayando que el mundo de la comercialización y la industrialización, que Carranza y los suyos representaban y promovían, en sustancia era el mundo donde obraban y vivían los trabajadores urbanos. Pero está el hecho de que, desde la cárcel USA donde estaba de nuevo encerrado, Ricardo Flores Magón condenó violentamente el acuerdo con Carranza, afirmando que los anarcosindicalistas se habían vendido. Ciertamente, al momento ellos recibieron víveres, dinero, equipos, locales para reunirse, libertad de prensa y acción, pero, como notó a posteriores Rosendo Salazar (uno de los partidarios del acuerdo) de aquella manera la COM había firmado su condena a muerte y traicionado a sus mismos principios en cambio de ventajas de corta duración. La evidencia de la anomalía de la alianza entre Carranza e la COM está en los fundamentos de la concepción política del mismo Carranza que él no ocultaba para nada. El futuro de Méjico para estaba representado por la empresa capitalista, la propiedad privada de los medios de producción, el individualismo social, el Estado fuerte que, junto a las élites económicas habría dado próximamente bienestar a las masas.
Y en efecto los problemas entre el Departamento del Trabajo de Carranza y la COM empezaron pronto. En el 1916 los Batallones Rojos fueron disueltos, se tuvo una estación de huelgas entre el final del 1915 y los principios del 1916, y después de la devaluación del peso mejicano y las agitaciones que siguieron se llegó al choque final entre Carranza y lo COM, cuyo resultado era bien previsible. La COM convocó en julio del 1916 una huelga general con participación maciza de los trabajadores, y Carranza envió las tropas a ocupar los locales de la COM y aprisionar a la dirección de ella. En todo el país los soldados desmantelaron los sindicatos adherentes a la COM encarcelando de ella los mayores exponentes; los gobernadores de los varios Estados y los jefes militares recibieron el orden de secuestrar toda la literatura subversiva en circulación y, si posible, de parar a los autores. Todo esto sin fusilamientos – aunque Carranza hubiera vuelto a llamar en vida una vieja norma del 1862 que asimilaba la huelga a la traición con conminación de la pena de muerte – sólo porque inesperadamente los tribunales militares absolvieron a los promovedores de la huelga general mandados bajo proceso. A este punto la derrota de los anarcosindicalistas atados a Carranza era total. Los demás siguieron las suertes de Villa y Zapata. En el 1921, después de la matanza de Carranza, algunos miembros de la vieja COM, adherentes al IWW y elementos de orientación comunista fundaron la Confederación General del Trabajo (CGT), a la cual el gobierno manifestó enseguida su hostilidad impidiéndole hasta utilizar el servicio postal para distribuir su propio periódico Calle Libre.
El gobierno dirigió entonces sus favores a la Confederación Obrera Regional Mexicana (CROM), en la pragmática óptica carrancista que (a diferencia de Huerta) tomó acto de la moderna inevitabilidad de los sindicados prefiriendo tratar de someterlos antes de destruirlos. Para este objetivo la CROM fue lo ideal: oportunista, proyectada a una conciliación entre trabajo y capital, promotora de la profesionalización de la burocracia sindical. L CGT fue – y quedó por lo menos hasta el 1930 – un sindicato libertario, programado sobre la acción directa, la falta de burocratización a través de la voluntariedad y gratuidad en los encargos, la democracia directa, el consentimiento como medio principal por las decisiones, la autonomía con respecto al Estado y a los partidos, el antinacionalismo, la socialización de los medios de producción. Uno de sus soportes fue la Federación Comunista del Proletariado Mexicano (FCPM), organización libertaria fundada en el 1920, conocida por haber utilizado por la primera vez los piquetes durante las huelgas para impedir la entrada a los esquiroles en los establecimientos. Los años 20 representaron un crucial período negativo para el anarquismo mejicano. Muerto Zapata en el 1919 y subyugados a los revolucionarios campesinos del Morelos; muerto en prisión en los Estados Unidos Ricardo Flores Magón; virada a la derecha de 360° hecha por Soto y Gama, que fue elegido diputado y en un discurso parlamentario pontificó sobre la impropiedad del socialismo respecto a las necesidades de Méjico; Antonio Villa Real que se volvió secretario del Ministerio de la agricultura; etcétera. Además, desde el 1930 empezaron a reducirse los ideales libertarios y los ejecutivos del CGT se volvieron cada vez más sensibles a la corrupción ejercida por políticos y dueños, llegando a dar cobertura sindical a las prácticas particulares de despido. A eso se sume que mientras tanto la CROM logró sustraer espacios de hegemonía la CGT. Por una reanudación de los ideales anarcosindicalistas se tendrá que esperar la constitución, en el 1941, del Asociación Mexicana del Trabajo (AMT), sobrevivida hasta los años ’70, y cuyo lugar fue tomado sucesivamente por el libertario Frente Auténtico del Trabajo (FAT), presente en una quincena de Estados, orientado hacia un “socialismo autogestionario”, y cuya actividad se basa sobre cuatro sectores básicos: obrero, urbano, campesino y cooperativista, en varias ocasiones participando en las luchas organizadas por los colectivos anarquistas.
En términos de liquidación material el balance del anarquismo en la Revolución mejicana aparece ciertamente negativo. Derrotados los zapatistas, aliados con Carranza (hemos visto los resultados) los anarcosindicalistas urbanos, quebrados en su acción PLM y COM, forzada ausencia de Ricardo Flores Magón durante los acontecimientos revolucionarios, deriva conservadora de los vencedores burgueses en la Revolución. De positivo quedan materialmente el papel de los magonistas en la preparación de la lucha contra Díaz y el anarquismo del movimiento zapatista. Se cuentan a héroes y mártires, no a vencedores.
Pero si es la verdad lo que dijo Guevara – “las batallas se vencen siempre” (ya que sólo aquellas no combatidas constituyen una derrota seca) – entonces tenemos que decir que en Méjico los ideales anarquistas y libertarios no han muerto: las banderas (y los ideales) del magonismo y del zapatismo han vuelto hoy a ser ondeadas en las luchas sociales mejicanas. Pero éstas son cosas recientes, y no sabemos si presagios, o no, de otra revolución.

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Pier Francesco Zarcone  – Los anarquistas en la Revolucion Mejicana.

 

Emiliano Zapata y la Revolución mexicana, 1910

 

Ricardo Flores Magón y el anarquismo.

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