Experiencias en Rojava: entrevistamos a un voluntario anarquista de las YPG

Hemos entrevistado a una persona que ha estado en Rojava como voluntario en las Unidades de Protección Popular (YPG). Tal y como ha pedido la persona entrevistada, su identidad permanecerá en el anonimato.

¿Por qué decidió viajar a Rojava para unirse a las YPG?

Tuve varios motivos, pero sentí que todos ellos estaban relacionados con nuestras raíces históricas como el antifascismo o el internacionalismo revolucionario.

¿Estuviste en el Batallón Internacional?

No estuve en ningún batallón internacional en concreto, simplemente estuve con los tabur de las YPG e YPJ [batallones kurdos] que principalmente están formados por kurdos, pero no exclusivamente, pues también hay otros internacionales. También está el Batallón Internacional de la Libertad, un tabur o batallón dentro de la estructura de las YPG/YPJ en el que participan varios voluntarios socialistas y comunistas. Yo, personalmente, no he tenido contacto con ellos, y la mayoría son marxistas-leninistas.

¿Qué importancia tienen las ideas políticas en el movimiento (p.ej.  el confederalismo democrático) dentro de las YPG?

Hay una gran variedad de grupos. Por un lado, están todos los jóvenes de Rojava que se están llenando de ideas innovadoras a raíz de los desarrollos más recientes, pero que todavía no tienen un buen entendimiento de la política o una perspectiva global y siguen siendo nacionalistas. Y, por otro lado, están los kurdos de Bakur o de Qandil, por ejemplo, que ya son muy revolucionarios y la mayoría de ellos tiene un alto nivel de concienciación política y de capacidad analítica.

¿Puedes contarnos cómo es el día a día en las YPG y la estructura del comando?

En general, el día a día en las unidades de defensa kurdas no se parece mucho a cualquier otro ejército. A veces te olvidas de que estás en una guerra por la amistad, los momentos de felicidad… ¡y los de bailar! Allí la revolución es un sentimiento que está realmente vivo.

Las unidades le dan mucha importancia a las relaciones comunitarias que se basan en el confederalismo democrático. La idea de este modelo es que las fuerzas de defensa no están formadas por un ejército, sino por una milicia popular, una fuerza guerrillera.

La estructura del comando es una responsabilidad común. Así, el único grado de rango que hay es el komutan (comandante). Aunque en realidad es mejor llamarlo cocomandante porque, por encima del nivel del grupo, el puesto es compartido entre un hombre y una mujer. Y, tanto si eres un comandante de un grupo de 5 personas o de un tabur (batallón), el puesto que ocupas no es más que una tarea. Los compañeros escucharán tus sugerencias y la dirección que decidas tomar porque hay un respeto por la estructura. Tienes esa posición por consenso, por tu experiencia y porque los compañeros saben identificar quién es la persona más indicada para esa tarea.

El komutan es como la base, los cimientos de la estructura porque sirven para articular el cuerpo común y el cerebro colectivo. Ser un komutan es un gran cometido, ya sean muchos o pocos los compañeros que tengas bajo tu responsabilidad. Es por eso que el komutan es una figura respetada y apenas tiene que dar órdenes directas porque no es necesario hacerlo. Tiene que tener, como mínimo, una buena ética y disciplina, así como inteligencia y valentía en la batalla.

Los demás lucharán siguiendo la dirección indicada, y será en el Tekmil [asamblea militar autocrítica, véase más abajo] donde todo el mundo podrá participar para debatir sobre las tácticas y errores. Está claro que tanto el comandante como los compañeros son humanos y se pueden equivocar. Cuando eso ocurre, significa que ha llegado el momento de cambiar y de dedicar un tiempo a repensar la milicia y la ideología. El sistema militar sobre el que se basan, que es de la escuela de las guerrillas kurdas de Qandil, es el más avanzado en materia de historia guerrillera y revolución en el arte de la guerra.

Por otra parte, no hay ninguna noción de jerarquía formal como condecoraciones militares o saludos. La única formalidad que existe es que se añade la palabra «amigo» [compañero] delante del nombre de cada uno porque eso nos recuerda que, ante todo, somos amigos, que nos respetamos y que podemos resolver cualquier conflicto de forma amistosa.

¿Qué es la asamblea militar o Tekmil? ¿Puedes explicarnos en qué consiste?

El Tekmil es una asamblea para la crítica en la que se pueden dirigir críticas constructivas y amistosas al comandante, a otros miembros de la unidad y también a uno mismo. Pero lo más habitual es que recibas críticas, por lo que debes estar preparado para asimilarlas y aprender a mejorar. Esto se hace para controlar los malos comportamientos y evitar conflictos personales o pequeños problemas que pueden acabar en conflictos. He visto pocos castigos o represiones; si hay alguna disputa, se habla mucho acerca de ello. Evidentemente, esto es solamente el modelo y, para muchos compañeros de Rojava, esta es la primera vez que aprenden sobre este tema y que tienen contacto con ideas políticas.

Pero en el Tekmil puedes poner sobre la mesa cualquier tema y dirigirlo a cualquiera. En esta reunión, el principal objetivo es retar a tu propia perspectiva y liberarte de tu ego. Hacer una crítica también conlleva mucha responsabilidad —para con uno mismo y para con la persona a la que diriges la crítica— así que lo que tienes que hacer es dar con la solución y hacerte responsable de dicha solución.

Se parece mucho a la crítica que se hace en Tev-Dem, la asamblea de autogobierno en la que que se coge práctica y se da pie a debates filosóficos. Aquí es donde realmente se ve la evolución del movimiento kurdo.

¿Qué piensas sobre el movimiento de las YPG y sobre el entrenamiento del que has formado parte? 

La academia de las YPG tiene mucha educación ideológica, política e histórica, además de filosofía y de clases de jineoloji (sociología de las mujeres). Es realmente como una academia. La educación puede ser corta o larga, depende de cada uno. Yo estuve en la academia durante un mes y medio. La academia militar es bastante básica: hay un montón de tareas rutinarias y se hace hincapié en la forma de estar en equipo y de trabajar juntos, como la autodisciplina y la limpieza de armas. Además, hay academias en las que se trabajan habilidades militares más especializadas, como el sabotaje y los ataques.

¿Estuviste únicamente en unidades de lucha? ¿Participaste en algún aspecto revolucionario de la organización social?

No, aunque en un contexto de revolución, es difícil decir dónde están los límites de la estructura civil o social. Todo el mundo está en un proceso de educación y de autoeducación desarrollando instrumentos para el autogobierno. Cada institución tiene su propia autonomía y, en algunos casos, sus propios intereses. Puede parecer que todo esto es un auténtico caos y que está lleno de contradicciones, pero el sistema confederal mantiene su sistema autorregulador. El Tev-Dem y la autodefensa popular —las unidades HPC (fuerzas de autodefensa)— son, en mi opinión, los aspectos más revolucionarios porque le dan a la gente las herramientas necesarias para defenderse incluso contra los intereses de las YPG, las instituciones y gobiernos del cantón, etc.

¿Pudiste presenciar alguna asamblea Tev-Dem?

Sí, vi una asamblea pero no participé en ella. Estaba más comprometido con las asambleas Tekmil en el contexto militar.

El modelo de asamblea de autogobierno está fijando una muy buena base para la revolución: si surge un problema o aparece un nuevo grupo social o de interés, se convoca una asamblea; si hay cualquier otro problema o temas de interés que se deban tratar, se puede hacer una asamblea dentro de la primera asamblea. Además, la asamblea sigue un sistema de cuotas para garantizar la igualdad de mujeres en todos los aspectos de la sociedad. Así pues, la coordinación del cantón impone que si un grupo social, tribu o pueblo convoca una asamblea para, por ejemplo, gestionar granjas cooperativas, también debe haber una asamblea de mujeres que exprese su punto de vista sobre el tema. Además, no puede haber una única persona a cargo —práctica normalmente ligada al patriarcado— sino que debe haber un coliderazgo compartido entre un hombre y una mujer, de manera que se trata de un puesto conjunto de liderazgo de los codelegados en el que la mujer representa el movimiento autónomo de las mujeres de la zona. Conseguir que la gente se involucre en el sistema asambleario para resolver sus propios problemas es la mejor forma de pensar la revolución. Y también de mantener a las personas alejadas de la televisión.

Se ha dicho que uno de los principales objetivos de la Revolución de Rojava es construir una sociedad ecológica. ¿Qué has visto sobre ecología y movimiento ecológico?

Según mi experiencia, no entienden mucho de ecología. La gente de las montañas o de Bakur sí que sabe lo que significa actuar de forma sostenible y estar en armonía con la naturaleza, pero en Rojava o en Siria, en general, no mucho. Una experiencia común que viví fue escuchar que «Rojava es hermosa», pero luego podía ver bolsas de plástico de basura ardiendo por cualquier parte.

En cuanto a proyectos reales, en Qamislo hay un proyecto de soberanía alimentaria y en Kobane hay varias propuestas. ¡Y necesidades! Pero necesitan voluntarios. ¡Necesitan a gente! Personas que no solamente vayan de visita, sino que participen en proyectos y propuestas reales para construir una nueva sociedad e infraestructura.

Por otro lado, mucha gente de Bakur y de Irán ya está movilizada y apoya los proyectos sociales y ecológicos en Rojava.

¿Y qué hay del movimiento de economía cooperativa? ¿Visitaste alguna granja, fábrica o lugar de trabajo basada en el cooperativismo?

Me di cuenta de que los grandes terratenientes habían escapado porque apoyaban al régimen, al EI o a Barzani. Y las YPG e YPJ colectivizaron esas tierras, en las que también había enormes fábricas de cemento dirigidas por corporaciones turcas y francesas y en las que trabajaban sirios de la zona oeste del país. Esto formaba parte del programa de arabización de las regiones kurdas durante el régimen sirio. También hay algunos pueblos que están vacíos, por lo que las organizaciones kurdas han hecho un llamamiento a los refugiados para que no se marchen a Europa y para que vayan a esas zonas para ser dueños cooperativos de sus propias tierras y trabajo.

Pero todos estos experimentos están limitados porque no hay suficientes personas, la guerra convierte todo en una situación frágil, está prohibido invertir en infraestructura, no tienen a gente cualificada y comprometida como voluntarios técnicos o ingenieros, el territorio está destruido tras años de monocultivo intensivo, la gente está social y culturalmente destrozada, etc. Además, dentro de la realidad «kurda» hay intereses distintos. Hace tiempo vi en Internet un texto sobre este tema: era como un llamamiento a la acción para ayudarles a aprender y a estudiar, así como para poner en práctica diferentes modelos de socialización históricos o políticos. No recuerdo si era un sindicato sindicalista o anarcosindicalista el que trabajaba en esto. Creo que los movimientos y estructuras tradicionales «revolucionarios» están observando los acontecimientos del Kurdistán desde la distancia y que no se involucran porque se trata de un paradigma completamente nuevo de revolución social.

Escuché varias críticas sobre la economía «mezclada» y el capitalismo en Rojava, así como sobre los intereses de clase que deben dirigir la revolución para convertirla en Revolución. Hay un montón de socialistas y anarquistas de distintas corrientes y tendencias que participan en foros y reuniones en los que se trata este tema, pero son muy pocos los que van a trabajar con ellos para construir el socialismo. La gente de Rojava no necesita a socialistas extranjeros que les digan qué hacer, pero sí que necesitan construir su propia realidad para ellos mismos.

En Rojava, no hay más socialismo económico que el que la gente local quiere construir como, por ejemplo, las cooperativas que funcionan como comunidades socialistas. Los gobiernos del cantón y las estructuras armadas no pueden imponer la socialización de la producción y de la economía. Ni pueden ni quieren hacerlo. Y si recordamos esto, podremos abordar mejor la realidad de Rojava. Tienen, eso sí, normas de economía y programas de planificación social. Pero si la gente quiere vivir en relaciones capitalistas, no quedan muchas más posibilidades que la intervención pedagógica para cambiar la perspectiva que tiene la gente.

Existe interés colectivo y cooperativo y apoyo gracias a la revolución, así que estamos en el principio del proceso educativo y de construcción de nuevas relaciones sociales. Tal vez necesitemos medio siglo más de lucha para ver el fruto de estas semillas.

El movimiento kurdo siente un gran respeto por sus mártires. ¿Cuál es tu opinión sobre esta práctica?

Los mártires y el sacrificio forman parte de la vida diaria de los kurdos y de los revolucionarios. En el Oriente Medio —no así en Europa, donde se ha perdido— la filosofía de que los mártires no mueren sigue existiendo en el espíritu comunal. Esto se debe a que los mártires dan su vida por todos los demás, a que se sacrifican por nuestra vida y libertad. Esto es sagrado y es espiritual porque va más allá del interés material de lo individual. Hay muchas personas que muestran respeto por los mártires mediante la exhibición de fotos suyas en eventos, y también los recuerdan con saludos.

Soy consciente de que esto es muy chocante para nuestra mente individualista, ya que preferimos salvar antes nuestro propio culo y nos parece que ser un mártir es como una práctica fanática, nada que ver con la mejor «categoría» que una persona puede llegar a ser. Pero es verdad, ¡nuestros mártires no mueren! ¡Su sangre nunca toca el suelo!

¿Rojava es realmente tan idílica? ¿Tienes algo que criticar sobre el proceso revolucionario de Rojava?

Si ahora miro atrás, parece ideal. Pero la realidad que hay también es muy dura y hay un montón de contradicciones. A veces puedes incluso sentir que existen más objetivos y propaganda que realidad. Hay un proceso con una intención noble, pero que tiene muchos problemas para hacerle frente a la realidad.

La percepción que teníamos de Rojava chocó con la realidad. Creo que llegamos aquí cargados de ideales románticos sobre la revolución, pero la realidad es que si quieres una revolución, tienes que construirla. Y eso a veces significa tener que aceptar que no todo el mundo que hay a tu alrededor comparte tu idea de revolución, y a veces incluso no entienden por qué viniste aquí para luchar.

Estamos comprometidos con una revolución democrática en el sentido de que nadie le impone nada a nadie. Sin duda, esto es totalmente contrario a la forma en la que la dictadura del proletariado concibe la revolución. Esta concepción democrática acepta trabajar con nuestra propia gente y con gente de otras tendencias que, en muchos casos, son los que más se oponen a tu idea de revolución o tienen prácticas contrarias a tu ética.

Las bandas del Dáesh y del Estado turco están formadas por personas malas, sí, todo el mundo está de acuerdo en eso. Pero también podemos ver que existen actitudes racistas contra los árabes y «alianzas circunstanciales» que un día se firman con EE. UU., otro con Rusia y otro con el régimen sirio. Y siempre hay gente que intenta ocupar puestos de poder, igual que en cualquier otra parte del mundo.

El confederalismo democrático está en contra del nacionalismo, pero la idea nacionalista sigue viva en muchos kurdos. No se trata solamente de los derechos nacionales kurdos, que deben respetarse y defenderse, sino también de las posturas y puntos de vista de la gente que no se preocupa por la realidad ni por la lucha de otros. Otra crítica sería el uso oportunista que se hace del capitalismo —del que hablábamos antes— y de la llamada ‘economía mezclada’, pero no se me ocurre otro sistema económico para esa situación, así que simplemente menciono esto como crítica porque tenemos algunos camaradas que insisten en este tema.

También es importante entender que las estructuras armadas de los kurdos provienen de una tradición estalinista, que han hecho una profunda autocrítica colectiva y que ahora están en medio de un proceso encaminado a una ética libertaria gracias a la idea confederalista y a la cultura de la crítica. Pero es un proceso, y aunque hay muchas partes del movimiento que ya no siguen el modelo estalinista, todavía se puede ver en algunas cosas como las jerarquías personales u otros puestos.

¿Te gustaría volver?

No volvería, pero quién sabe… La situación de Rojava no es cómoda porque hay una guerra cruel, y no deberías tener más razones para involucrarte en la guerra que las tuyas propias. Yo necesitaba ir para tener una perspectiva de lo que ocurre y ver el sentido que tiene nuestra lucha y nuestra vida, pero ahora le toca a otros hacerlo. Necesitamos una generación con nuevos enfoques, ya que nuestros movimientos y entornos los perdieron hace tiempo.

Muchos amigos kurdos, en distintas situaciones, me decían lo mismo una y otra vez: «vuelve con tu gente y continúa la lucha desde allí» o «no necesitamos mártires de Occidente, lo que necesitamos es que haya una revolución en los países occidentales». Así que lo que hice fue absorber el aprendizaje y la experiencia de Rojava y ahora toca ver lo que está pasando en nuestros países de Occidente, donde el racismo y el fascismo están tomando fuerza.

¿Nos puedes hablar de otros voluntarios internacionales de Rojava y, sobre todo, de si había muchas mujeres?

Muchos extranjeros que carecen de ideas políticas, u hombres exmilitares, se vuelven revolucionarios allí. Es bueno recordar que la gente puede tomar consciencia de estas ideas cuando se encuentra rodeado de la revolución y que puede luchar y difundir ideas.

Hay algunas mujeres extranjeras que van a luchar pero yo, personalmente, no vi a ninguna. Y comparado con los hombres, el número es bastante reducido, anecdótico. Tenemos una mártir internacionalista, una marxista euroafricana que luchó en el Batallón Internacional. Y hay muchas más que no proceden de países occidentales: mujeres turcas, árabes e iraníes. Ese es un punto débil del feminismo «blanco occidental», que, tristemente, no hay mucha participación activa por su parte en esta revolución de mujeres.

¿Qué piensas sobre la jineolojía y el feminismo?

La ciencia social de la jineología (sociología o antropología de la mujer) explica la forma en la que la humanidad perdió gran parte de su antigua naturaleza debido al inicio de la civilización jerárquica, que puso fin a la vida comunitaria, hizo que los hombres se convirtieran en soldados, sacerdotes, trabajadores e incluso esclavos. Esclavos, pero dueños de su casa y de su mujer.

La jineología dice que la humanidad puede recuperar su naturaleza a través de la liberación de la mujer y de la vida comunitaria. Pero este es un tema del que ahora mismo no sé mucho. Es muy complejo, pero también es interesante estudiarlo y debatir sobre él. Es una nueva idea para la humanidad. Hemos entendido nuestra historia como la historia del hombre, y la sociología, como la ciencia social de la sociedad del patriarcado. Pero ahora, gracias a años de estudio y debate de la Organización de Mujeres Libres de las montañas, tenemos una nueva herramienta para comprender la evolución del poder en la historia y el papel que las mujeres desempeñan en ella. La jineología es un instrumento para la liberación porque esa historia es también la historia de la resistencia de las mujeres, la historia que hemos aprendido y conocido. La jineología también implica la ruptura con la tradición del feminismo liberal de Occidente.

Los que se sintieron inspirados por la jineología están rompiendo con el feminismo occidental. La jineología es mucho más profunda en su análisis, es imparcial y no hay grupos de interés que hagan sus propias interpretaciones; es integral y universal.

Otro factor importante es que la jineología se está poniendo en práctica en la gestión administrativa y política de las comunidades a través de organizaciones y codelegaciones autónomas de mujeres. Es una práctica social real, no es la tesis de unas mujeres burguesas intelectuales ni el estilo de vida de los jóvenes hedonistas. Por ejemplo, la jineología y el movimiento de las mujeres kurdas de Rojava critica el feminismo occidental porque se llevó a las manos de la modernidad y del positivismo, y también porque rompió los vínculos con la vida comunitaria para hacerse individualista.

Creo que la jineología es una buena herramienta para reestructurar el feminismo (liberal y radical) de Occidente, especialmente porque hace décadas que no hay nuevas ideas sobre la mujer y la revolución. Tenemos camaradas feministas revolucionarias, pero el feminismo en sí ya no es revolucionario. Lo que es revolucionario es la práctica real, mucho más que las ideas o la estética. Además, tengo que decir que el Movimiento de Mujeres Libres de Kurdistán es más consciente del análisis radical de la civilización y dominación jerárquica, y tiene una perspectiva más internacionalista y libertaria que el resto de hombres del movimiento. Y esto es gracias al estudio de la jineología y al ejemplo que dan las guerrilleras kurdas.

Pero, a pesar de esto, el movimiento de mujeres kurdas también necesita aprender más sobre el feminismo moderno, sobre todo con respecto a la individualidad y la liberación sexual. Tienen una represión social contra este aspecto de las mujeres, y yo creo que es porque construyeron una estructura revolucionaria militar para defenderse de los intereses individualistas y de la dominación sexual de Oriente Medio. Pero en mi opinión y con todos los respetos, en algunos casos reproducen algunos tabús religiosos de Oriente Medio sobre el cuerpo y el sexo.

Fuente: Kurdish Question

Fecha de publicación del original: 06/03/2017

Traducido por Rojava Azadî

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