COMUNICADOS, CONFEDERALISMO DEMOCRÁTICO

Turquía / Siria: los guardias de frontera disparan y bloquean a los sirios que huyen del conflicto.

FuenteHuman Rights Watch

Fecha: 03/02/2018

Traducido por Rojava Azadi

 

ESTOS HECHOS EXPONEN A LOS SOLICITANTES DE ASILO A CRECIENTES RIESGOS Y ABUSOS

EL MURO A LO LARGO DE LA FRONTERA ENTRE TURQUÍA Y SIRIA VISTO DESDE LA PROVINCIA DE KILIS, TURQUÍA. © 2018 REUTER
EL MURO A LO LARGO DE LA FRONTERA ENTRE TURQUÍA Y SIRIA VISTO DESDE LA PROVINCIA DE KILIS, TURQUÍA. © 2018 REUTER

 

(Beirut) – Los guardias de la frontera cerrada de Turquía con Siria disparan indiscriminadamente y devuelven sumariamente a los solicitantes de asilo sirios que intentan cruzar a Turquía, ha informado hoy Human Rights Watch (HRW).

Los sirios huyen de la explosión de violencia en Idlib para buscar refugio cerca de la frontera turca, que permanece cerrada a todos los casos médicos, excepto a los críticos. Según la ONU, 247.000 sirios se han visto desplazados hacia la zona fronteriza entre el 15 de diciembre de 2017 y el 15 de enero de 2018. Algunos refugiados que lograron cruzar a Turquía, usando las rutas del contrabando, declararon a HRW que los guardias fronterizos les dispararon mientras intentaban cruzar a Turquía. En algunos casos, los guardias de frontera turcos golpearon a los solicitantes de asilo, a los que detuvieron y negaron asistencia médica.

“Los sirios que huyen hacia la frontera turca en busca de seguridad y asilo están siendo forzados a regresar mediante balas y abusos”, ha declarado Lama Fakih, directora adjunta para Oriente Medio de HRW. “Como los enfrentamientos en Idlib y Afrin desplazan a miles más, es probable que aumente el número de sirios atrapados a lo largo de la frontera dispuestos a arriesgar sus vidas para llegar a Turquía”.

Human Rights Watch ha descrito la información recogida en una carta enviada el 30 de enero de 2018 al ministro del Interior de Turquía.

HRW ha hablado con 16 refugiados sirios que entraron en Turquía junto con contrabandistas entre mayo y diciembre de 2017, 15 de ellos personalmente en Urfa y Gaziantep, en el sur de Turquía, y el otro a distancia. Trece de ellos dijeron que los guardias de frontera turcos se lanzaron hacia ellos y otros solicitantes de asilo que huían mientras intentaban cruzar cuando aún estaban en Siria, matando a 10 personas, incluido un niño, e hiriendo a varias más. En otros pasos fronterizos, varios testigos dijeron a HRW que los guardias de frontera turcos dispararon al aire, pero no atacaron directamente a los solicitantes de asilo.

Los guardias de frontera turcos también infligieron abusos a los solicitantes de asilo detenidos, han informado los testigos. Los entrevistados han descrito tratos dispares en varios puntos de cruce, si bien el trato en cada punto se mantuvo constante. En siete casos, los entrevistados dijeron a HRW que los guardias fronterizos turcos tampoco proporcionaron tratamiento médico a los solicitantes de asilo que habían sido detenidos cuando lo requirieron o cuando resultaba claramente necesario, y en su lugar los devolvieron sumariamente a Siria.

Doce de las familias con las que ha hablado HRW, que cruzaron cerca del campamento sirio de desplazados internos en al-Dureyya, cercano a la ciudad de Darkush, declararon que, al ser capturadas, los guardias fronterizos turcos las colocaron en una gran plaza donde tuvieron que permanecer hasta que los guardias reunieron un número de personas para enviarlos juntos de regreso a Siria. Tres familias estimaron que la plaza podría acomodar hasta mil personas y generalmente contenía a cientos.

Los entrevistados describieron su desplazamiento a través de la frontera hacia Turquía como arduo y peligroso. Además del peligro de que los guardias de frontera les disparasen, describieron un terreno plagado de minas terrestres, ascensos empinados y senderos estrechos a lo largo de barrancos y valles. Dijeron que habían pagado a contrabandistas entre 300 y 8.000 USD por persona para llegar a Turquía, en muchos casos agotando sus recursos.

Turquía ha acogido a alrededor de 3,5 millones de sirios y alberga a más refugiados que ningún otro país. Ha otorgado a muchos de ellos el estatus de protección temporal y ha tratado de proporcionarles servicios básicos, que incluyen atención médica y educación. Sin embargo, la acogida generosa de Turquía de un gran número de sirios no le exime de su responsabilidad de ayudar a quienes buscan protección en sus fronteras.

Si bien Turquía tiene derecho a asegurar su frontera con Siria, se le exige respetar el principio de no devolución, que prohíbe rechazar a los solicitantes de asilo en las fronteras cuando ello los expone a la amenaza de persecución, tortura y amenazas a la vida y la libertad. Turquía también debe respetar el derecho a la vida y la integridad física, incluida la prohibición absoluta de someter a cualquier persona a un tratamiento inhumano y degradante.

El gobierno turco debería emitir instrucciones normativas a sus guardias de frontera, en todos los puntos de cruce, de que la fuerza letal no debe ser utilizada contra los solicitantes de asilo y ningún solicitante de asilo debe ser maltratado, sino que debe tener acceso a asistencia médica cuando sea necesario. Debe garantizar que todos los puntos de cruce cumplan con estas obligaciones legales fundamentales, así como la prohibición de devolución.

La escalada de las hostilidades en las provincias de Idlib y Afrin en Siria, y la negativa de Turquía a permitir que los solicitantes de asilo sirios crucen la frontera, se produce cuando algunos países anfitriones de refugiados afirman que Siria está a salvo para los retornos. También Líbano y Jordania han cerrado efectivamente sus fronteras a los solicitantes de asilo sirios.

En octubre de 2017, la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados ha destacado que “se ha informado que todas las partes de Siria se están viendo afectadas, directa o indirectamente, por uno o múltiples conflictos” y, por lo tanto, ha mantenido su llamada a todos los países “para no devolver a los sirios por la fuerza.”

Los socios internacionales de Turquía -incluida la Unión Europea, que tiene un acuerdo migratorio con Ankara para frenar la migración hacia la UE- deberían presionar a Turquía para que mantenga sus fronteras abiertas a los refugiados, proporcionar apoyo financiero para apoyar los esfuerzos de refugio en Turquía, compartir responsabilidades para intensificar el reasentamiento de refugiados procedentes de Turquía y abstenerse de devolver personas a Siria, ha declarado HRW.

“Las condiciones en Siria no son seguras para el retorno de refugiados”, ha informado Fakih.“Con las hostilidades en Afrin contribuyendo a la creciente crisis de desplazamiento en el país, Turquía debería permitir que los miles de desesperados sirios que buscan refugio crucen la frontera”.

Desde al menos mediados de agosto de 2015, los guardias de frontera turcos han rechazado a los sirios que intentan llegar a Turquía. En abril y mayo de 2016, HRW documentó que los guardias turcos disparaban y golpeaban a los solicitantes de asilo sirios que intentaban cruzar a Turquía, lo que provocó varias muertes y lesiones graves, y enviaban a quienes lograban cruzar de regreso a Siria. En noviembre de 2017, al menos 330 personas murieron al intentar cruzar la frontera, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos. Turquía también ha erigido un muro a lo largo de la mayor parte de su frontera de 911 kilómetros con Siria.

Las fronteras terrestres de Turquía están legalmente protegidas por las unidades fronterizas del ejército de las Fuerzas Armadas turcas. La gendarmería, también de servicio en las fronteras, opera bajo la autoridad del comando de las fuerzas terrestres. También hay estaciones de gendarmería cerca de las fronteras encargadas de las actividades regulares de vigilancia rural. Al documentar los abusos, HRW se refiere genéricamente a los guardias de frontera, sin especificar si son soldados o gendarmes, ya que muchos testigos no han proporcionado o no conocían esa información específica.

En diciembre de 2017 se intensificaron los enfrentamientos entre el gobierno sirio y los grupos armados no estatales en Idlib, donde la alianza militar ruso-siria realizaba ataques para apoyar el avance de las tropas terrestres sirias. Según la ONU, la intensificación de la violencia llevó a 247.000 sirios a buscar refugio cerca de la frontera turca entre el 15 de diciembre [2017] y el 15 de enero [2018]. El 20 de enero de 2018, Turquía lanzó una ofensiva contra Afrin, que se encuentra en manos de los kurdos de Siria.

Información de tiroteos realizados por guardias de frontera

Los refugiados informaron que los disparos tuvieron lugar cerca del campamento para desplazados internos sirios de al-Dureyya, en el muro fronterizo de Turquía cerca del cruce fronterizo de Bab al-Hawa / Cilvegözü, y cerca del punto de contrabando del río Orontes.

Algunos testigos han informado a HRW de nuevos casos de guardias de frontera turcos que abrieron fuego contra civiles que intentaban entrar a Turquía a través de las rutas del contrabando. Doce testigos dijeron que los guardias habían disparado directamente contra los grupos de personas y lo habían hecho indiscriminadamente. Tres testigos informaron que al menos tres personas habían muerto mientras intentaban cruzar con ellos, y una familia habló de otros seis que murieron con ellos en un cruce. En uno de estos casos, compartieron los nombres de los fallecidos con HRW.

Una mujer que había intentado cruzar con su familia siete veces en diferentes puntos de cruce entre septiembre y octubre dijo que los guardias fronterizos turcos les dispararon durante casi todos los intentos:

“Cuando ellos [los guardias fronterizos turcos] abrían fuego, nos escondíamos en el valle. Disparaban aleatoriamente. Pude ver las balas saltar entre mis pies. En un incidente, golpearon a una mujer dos veces en el vientre, y dos hombres la llevaron de regreso a Siria. Pudimos ver el rastro de sangre entre los arbustos.”

Informó a HRW que los disparos provenían del “frente”. La familia tenía tres niños con ellos, y la mujer estaba embarazada en ese momento.

Una segunda mujer describió el tiroteo contra un niño de 13 años que intentaba cruzar con su madre:

“Habíamos llegado a la amplia calle que divide Siria y Turquía, y el contrabandista le dijo al niño y a otro hombre que la cruzaran. Comenzaron a cruzar, y luego bang, bang. Ambos fueron disparados. El niño, fue alcanzado directamente en el estómago y sangraba mucho. Lo arrastramos con nosotros todo el camino y murió en Siria “.

Abuso de los detenidos. Falta de atención médica

En el cruce de al-Dureyya, los guardias de frontera golpearon y maltrataron a los solicitantes de asilo capturados, informaron los sirios entrevistados. Cinco solicitantes de asilo dijeron que vieron a los guardias fronterizos golpear a hombres y mujeres, incluso pisándoles con sus botas militares. Un testigo que fue capturado mientras intentaba cruzar, describió el tratamiento:

“Cuando ellos [los guardias fronterizos turcos] nos capturaron, nos mantuvieron a la intemperie durante horas [reunidos en una plaza] hasta que reunieron suficientes grupos para devolvernos a Siria. Incluso mientras hacía frío y llovía, nos obligaban a sentarnos en silencio. Una vez, una mujer pidió un trago de agua y la golpearon.”

Tres testigos dijeron que había hasta 1.500 personas detenidas en la plaza mientras estuvieron allí.

Los testigos también describieron malos tratos en el cruce cerca de Bab Al-Hawa / Cilvegözü. Un joven que fue capturado después de intentar cruzar con su familia dijo que miembros de la patrulla fronteriza turca lo golpearon en la espalda y en el hombro con un rifle y un casco militar, y sometieron a otros en su grupo a un tratamiento similar.

Un testigo declaró que un hombre había caído al valle cuando intentaba cruzar, y claramente se había roto las manos. Cuando el grupo fue capturado, el hombre pidió ayuda, pero el guardia fronterizo turco se negó a llevarlo a un hospital. Ni siquiera le dieron analgésicos, dijo el testigo.

En un segundo caso, una mujer había dado a luz al intentar cruzar la frontera. Los guardias fronterizos turcos la enviaron a ella y al niño a Siria sin proporcionar asistencia médica.

En dos casos descritos, parecía que los guardias estaban tratando de proporcionar atención médica, pero que los esfuerzos llegaron demasiado tarde y dos refugiados murieron. En uno de los casos, una familia dijo a HRW que un hombre había caído enfermo en la frontera. Los guardias fronterizos turcos habían solicitado una ambulancia, pero el hombre murió. Su cuerpo fue devuelto a Siria con su familia y el grupo capturado.

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